Léeme:

Siguenos en Blogger Siguenos en Facebook Síguenos en Twitter

lunes, 26 de diciembre de 2016

Volver a creer en la magia.

A ti que no existes todavía:

Necesito quedar hoy contigo. Necesito que me abraces fuerte en cuanto me veas llegar, sin hacerme preguntas. Necesito que no te molesten mis lágrimas, que simplemente beses mis ojos y me digas que todo va a ir bien a partir de ahora. Necesito que me invites a un helado y me acompañes de la mano a dar un largo paseo. Y que pongas tu brazo sobre mis hombros cuando notes que tengo frío. Necesito, más que cualquier otra cosa, que me demuestres que puedo confiar en ti, que no me vas a dejar caer si en algún momento me fallan las fuerzas. A ti que aún no existes, te voy a pedir que me enseñes que quedan personas buenas y honestas. No creas que te cargo con la responsabilidad de enmendar errores ajenos, eso no sería justo. Yo también me equivoqué cuando elegí a otros, y no es tu culpa, pero ahora que vuelvo a desnudar mi alma ante alguien, te pido que no me falles. Necesito que no tengas prisa, que no me presentes aún a nadie de tu entorno, porque tengo miedo a lo que pueda venir después. Que no te molestes si parezco un poco distante por el móvil, es que prefiero el contacto en persona. Necesito que sepas que no eres el sustituto de nadie, que jamás te venzan los celos y vivas con la seguridad de que si te elijo a ti es porque sólo quiero compartir mi vida contigo. Necesito que me cuentes tus problemas, pero que no me hagas mentir nunca a nadie. Sé que me vas a llenar de besos y sólo te pido que detrás de ellos no haya maldad ni interés, que estén llenos de ternura. No te pido tampoco que me hagas olvidar el pasado, sólo que comprendas y aceptes que existe y me ames con él. No necesito que mates monstruos por mí, ni que busques culpables a cada uno de mis dramas, porque prefiero que te dediques a mí, a nosotros, a todo lo que está por llegar, para que juntos podamos dejar el rencor atrás. Sé que quizás aún no te conozca, o que te conozca de hace poco y también sé que te asusta mi seguridad, pero no es oro todo lo que reluce, a veces yo también me rompo. Necesito que me quieras, que me admires, y que te sientas orgulloso de mí. Necesito que seas sincero y protestes cuando algo no te gusta. No te pido que me salves, soy fuerte y sé volar sola, sólo que si después de todo esto, aún te quedan ganas de intentarlo, luches porque vuelva a creer en la magia. 

Atentamente, la chica que aún espera que existas.








- Imagen extraída de tenor.com

jueves, 22 de diciembre de 2016

La Navidad eres tú.

La Navidad es mi madre escondiendo en el armario los regalos del día 5, para mantener viva una ilusión inocente. La Navidad es mi abuelo trayendo a casa un jamón, que probará como si fuera el primero, y que elegirá con la ilusión de ver deleitarse a sus nietos. La Navidad son los besos de mi abuela el día 24, y los villancicos anticuados con los que se arranca cada año. La Navidad es mi hermana rebuscando entre los puestos una figura para el Belén con la que sorprenderme. Ni dinero, ni luces extravagantes, ni alcohol abusivo. Toda la luz que yo necesito brilla en la gente que me quiere, que se acuerda de mí y que decide compartir conmigo estas fechas. La Navidad también son mis amigos, sentados al otro lado de la mesa, en una cena esperada, deseada, programada, que acaba con una anécdota nueva que la distingue de todas las anteriores. Y también es el mes y medio que nos ha costado organizarla, asumir que la edad va restándonos cada vez más tiempo de disposición propio y va añadiéndonos más compromisos inesquivables. Pero aquí estamos, juntos, un año más, para brindar porque hemos permanecido unidos otros 365 días en los que también hemos sabido cuidar los unos de los otros en los malos momentos. La Navidad es la sonrisa nerviosa de mi sobrina con cada detalle nuevo que descubre. Los ojos acristalados de millones de niños rebosantes de ilusión. La Navidad también es la solidaridad ciudadana que ojalá se perpetuara todos los meses del año. La Navidad es un beso con sabor a vino tinto, una caricia de reconciliación, un abrazo de bienvenida en la terminal de un aeropuerto lleno de personas que siempre son hogar. Familias reuniéndose una única vez al año, cruzando océanos, recorriendo kilómetros y regresando al pueblo, con las maletas llenas de amor y nostalgia. Y un mensaje de sorpresa que te devuelve a la vida, un recuerdo compartido, una llamada esperada. La Navidad también son, con todo el dolor de mi corazón, los que ya no están, los que ojalá estuvieran, y los que nos enseñaron los primeros pasos en el baile de la vida . Es la sonrisa tierna de mi abuelo dedicando a las 12 uvas el mismo deseo: salud para los míos. Y Navidad también es gente queriéndose en callejones en los que se ha acabado el invierno para dar lugar a la pasión; jóvenes arreglándose delante del espejo para que les vea guapos quien jamás les ha visto feos.


La Navidad eres tú y lo que tú hagas de ella, todo depende del amor que decidas ponerle a estas fechas.



lunes, 19 de diciembre de 2016

Con querer no bastaba.

Te voy a echar de menos toda la vida, pero toda la vida seguiría cerrando la puerta de nuestra historia si tú llamaras al timbre de nuevo. Porque al amor no le basta con querer, porque hay palabras que dejan cicatriz y besos que tapan mentiras. Ya sé que era amor, créeme que nunca he dudado de que me quieres, tanto tanto, como yo te quiero a ti. La diferencia no es el fondo, pequeño, sino la forma de querernos que tenemos: tan incompatible, tan pletórica, tan intermitente, tan a ratos, y tan de volvernos locos el uno al otro. Es cierto que toda la vida va a faltarme tu sonrisa bonita y tus ojos de joven enamorado mirándome desde lejos. Creceré, me haré vieja, y me sentaré en una mecedora a recordar aquella época en la que caminé junto a ti por las nubes, sin sentir en mis hombros el peso de la rutina. Porque tú eras la escapada perfecta, el sueño de una noche de verano, la resaca feliz, el olor a libertad, el aire en la cara viajando en moto, y el ataque de risa de un niño. Todo eso eras tú y todo eso me dabas. Pero jamás fuiste refugio, sino huida. Y cuando quise quedarme para siempre a formar un hogar, llegaron los problemas. Descarriló el tren, se convirtió el sueño en pesadilla, tuve pánico a chocarme y, finalmente, me estrellé. Cerré entonces las puertas, las ventanas y lo que quedaba de mi corazón siniestrado. Fue ahí cuando te atreviste a decir: te quiero, y por fin lo entendí todo. Estábamos locos de amor, pero con querer no bastaba, además había que entenderse, completarse, respetarse, admirarse, sincerarse y, sobre todo, protegerse. Desde entonces no tengo dudas: te dejé ir para que me buscaras, y acabé encontrándome a mí misma en la felicidad tranquila de no esperar a nadie.


-Imagen extraída de pixabay.

.


sábado, 17 de diciembre de 2016

Tú eres.

Que tú no eres el total de mi vida, ni eres mi vida, ni eres el motivo por el que la vivo. Que tú eres el detalle que mejora cada acción, la perspectiva bonita de todas mis panorámicas, el abrazo tranquilizador al finalizar un día de mierda. La espuma de mi café caliente, las palomitas en mi película favorita, la cafeína de mis refrescos. Que tú eres las manos que me calientan en pleno invierno, la chimenea de la casa del pueblo, el olor a ropa limpia en una tarde de verano. La fuerza justa de mi cerveza, el aperitivo del domingo al mediodía, mi canción favorita en un viaje en tren. Tu eres la fuente inesperada en una ruta por el desierto, un día de playa en mitad del otoño, un cartel de bienvenida al bajar del avión. El brillo en los ojos al tenerte cerquita, la ilusión en el estómago al verte venir de lejos, la sonrisa boba de un mensaje inesperado. 

Que no, que tú no eres toda mi vida, ni eres el motivo por el que la vivo. Que mi vida es mía, y yo soy de mí y de nadie más. Y que claro que podría vivir sin ti, pero tú eres la suerte, la casualidad, la bendición y el puto milagro más bonito de mi existencia. El detalle que arregla la rutina, la pasión que rompe los domingos, y las palabras de ánimo que hacen bonito un lunes. No eres mi vida, eres la persona con la que quiero compartirla, sentirla, amarla, abrazarla, bailarla. Eres el destino en el que decido formar hogar, no porque seas mi vida, sino porque decido vivir una en común contigo, por ahora, por mañana, por todos los futuros que estén por llegar.




martes, 13 de diciembre de 2016

Quinientas vidas.

Duraron, como dice el maestro, lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks, pero a ella no le dio por reír, ni a él tampoco. Qué whisky el de aquel agosto y qué vaso tan lleno de lágrimas tuvieron que beberse después. 

Él la quería y ella le quería a él. Pero qué digo querer, era mucho más que eso. Se volvieron locos, como loca se volvió la vida que compartieron aquel verano. Como locas las tormentas que se formaban cuando había un malentendido, y loca también su cama echándole de menos cuando comprendió que no iba a volver. Es cierto, nunca volvió, nunca corrió por la calle cuando se cruzaron y le agarró del brazo para pedirle que volviera. No, nunca pasó. Porque siempre supieron que llevaban la fecha de caducidad tatuada en el destino, el mismo destino caprichoso que les pisó los talones hasta juntarles y puso del revés sus vidas una y otra vez. 
. Y a "sus atardeceres rojos se acostumbraron sus ojos", que ya no sabían ver el sol más allá de su espalda. Ellos fueron lo que fueron porque eran quienes eran, y forzar aquella historia sólo habría servido para destrozarla, para hacerse daño. Ahora lo saben, nunca hubieran sido la pareja perfecta, ni habrían encontrado la calma juntos, que va. Lo suyo fue vida y la agotaron hasta la muerte de aquel verano que llegó a su fin con tardes cada día más cortas y árboles cada vez más desnudos. Y así, con cuanta más frecuencia se desnudaban, más disminuía el sabor de la tranquilidad. Este invierno él ha probado el sabor de otras pieles en las que ha encontrado el éxtasis, y ella ha volcado sus ilusiones en rincones de su vida que no había barrido desde aquel verano. Ellos, de sonrisas limpias, relucientes, jodidamente jóvenes y bellos, en la vorágine de una vida llena de éxitos, recuerdan que le deben un favor al mes de agosto, arrancan otra página del calendario, y aprietan los dientes, porque aunque ya van más de quinientas noches al olvido se le ha olvidado visitarles.


- Foto de Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat. Por ser la inspiración a la música, a la vida y al amor, que todo poeta ha necesitado alguna vez.