Léeme:

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domingo, 28 de agosto de 2016

Carcajadas.


Debe ser cierto eso de el tiempo sana las cicatrices, porque ahora hay caricias donde antes hubo heridas. Y lloro nuevamente de emoción, porque no me creo que la felicidad sea a veces tan sencilla. He comprado libros y flores tras un paseo bajo el sol, ayer me bebí una copa con mis amigas, y me han hecho el amor diez poemas en el último mes. He renunciado a todas las guerras que no me ofrecen alternativa pacifista, y dibujo faros cada vez que hay tormenta. Ya hace sol y la primavera no va a tener que salvarme, porque he conseguido salvarme sola. No os podéis ni imaginar cómo quiero a los que quiero y cómo les agradezco que se rían en mi risa. Mi abuela me ha dicho que estoy más guapa que nunca porque ahora sí le hablan mis ojos de felicidad real. He preparado mi comida favorita y vienen a comer mis sobrinos, qué palabra tan completa, tan enorme, tan llena de amor. El trozo lleno de vida de mi propio hermano.
Ayer me besó un chico con barba y me dijo: "deja de buscar su rastro, la primavera eres tú". Soy feliz, y creo que no existe poema más bello que ése.


                                     
                                

jueves, 25 de agosto de 2016

La felicidad.

Según dice el diccionario de mi librería, la felicidad es un estado de grata satisfacción espiritual y física, o la ausencia de inconvenientes o tropiezos. Según mi madre, la felicidad es un beso de buenas noches y el sabor de la comida caliente. Para mis abuelos, que son muy sabios, la felicidad es la libertad de ser quien quieres ser y de sentirte bien contigo mismo. Mi hermana dice que la felicidad es el olor de la gente que quieres y la sensación de sentirte como un niño tengas la edad que tengas. En palabras de mis amigas la felicidad es la capacidad de conseguir un propósito y de superar los problemas.
Todos llevan razón. Y es que por más vueltas que le doy, siempre llego a la misma conclusión: para mí, la felicidad, es compartir la vida con ellos.
Y me sobran las palabras, mientras no me falten sus abrazos. 


                                      


martes, 23 de agosto de 2016

Y de repente, tú.

Viniste con la intención de vengarte
de todos los que hicieron de mi espalda la diana donde clavar sus flechas.
Maldiciendo el invierno en el que se me congeló el corazón
por un amor con demasiadas tormentas.
Llegaste buscando culpables a los miedos de mis pupilas y tratando de sostener
con tus ojos las dudas que se mecían en mis pestañas.
Yo me senté a observar tu cara de preocupación por mí,
tus palabras hastiadas de quejas por ellos
A observar cómo, de repente, alguien quería ocuparse
de que a cada uno de mis golpes le floreciera una margarita
que siempre diría que sí, que me quiere.
Te sonreí con tanta ternura que la primavera
se instaló en nuestra cama y amanecimos sudando amor.
En un leve susurro te dije: mi vida, la culpa no es de ellos, ni de sus flechas,
ni siquiera de las historias canallas que con ellos compartí.
La culpa es de que para mí, querer siempre es deporte de riesgo
y a veces salgo sin más trofeo que mis heridas.
Quiéreme por lo que soy, te dije.
Besaste una por una mis cicatrices y contestaste:
Cómo no te voy a querer por lo que eres,
Si te quiero, incluso, por lo que fuiste en cada uno de tus errores.


domingo, 21 de agosto de 2016

Quiero amor y no rutina.


No voy a conformarme. Estoy dispuesta a jugarme todas mis cartas por conseguir el premio que me merezco. No quiero sentir que soy una persona más, en una ciudad más, sumergida en una historia más. No, no lo quiero. Yo quiero saber, con toda certeza, que ante tus ojos soy la persona más especial del mundo, que esta ciudad está llena de arte cuando juntos paseamos por sus calles y que nuestra historia puede servirle de inspiración a todos los poetas del mundo. No voy a tolerar que las circunstancias sean la excusa perfecta para tirarnos piedras sobre nuestro propio tejado, yo quiero que tus manos sean las paredes de mi hogar y que en mis brazos puedas descansar plácidamente. Tampoco cargaré con el peso del conformismo barato y la cobardía más cruel, quiero ser consciente cada día, cada hora y cada minuto de que lo nuestro es amor y no rutina. Me merezco un amor leal y fiel, que no busque calor en pieles ajenas, porque a mí me parecerán invierno todas las bocas que no sean la tuya. No soportaré la pereza, la imposición o la culpa, yo quiero ser abrigo en tus días de tormenta y que alcemos con elegancia el vuelo cuando el miedo nos ate los tobillos. No pienso conformarme con menos de lo que te prometo, no me prometas más de lo que estás dispuesto a darme.


                               

jueves, 18 de agosto de 2016